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Sendero: el viaje gastronómico del chef Rodrigo Sánchez

  • 1 mar
  • 3 min de lectura

En el corazón de Polanco, donde las luces del JW Marriott se reflejan en los ventanales de la ciudad, un sendero se abre entre aromas, memorias y fuego. Ahí, el chef Rodrigo Sánchez ha creado un espacio donde la cocina no solo se degusta, sino que se experimenta: un viaje sensorial que celebra el paisaje mexicano desde una mirada contemporánea y profundamente emocional.

Una filosofía que camina con la tierra

Para Rodrigo Sánchez, cocinar es un acto de conexión. Su cocina parte del respeto por los ingredientes, del conocimiento de su origen y del diálogo entre productor y cocinero. Cada plato es un recorrido por los caminos de México: los valles del altiplano, los mares del Pacífico, los campos de maíz y los huertos del sur.

“Quiero que cada plato cuente una historia, que el comensal sienta el viaje, la textura del camino, el aroma del lugar de donde viene cada ingrediente”, explica el chef, quien ha desarrollado una propuesta que une técnica contemporánea con sensibilidad artesanal.

El concepto: la naturaleza en movimiento

Sendero es una metáfora: un recorrido gastronómico que cambia con las estaciones y los paisajes. Su menú se inspira en los ecosistemas del país —bosque, desierto, costa y montaña— y cada creación busca rendir homenaje al origen natural de sus sabores.

Aquí, los platillos se presentan como pequeñas postales comestibles, donde la estética minimalista se funde con la esencia pura del producto.

El menú de degustación se convierte así en una travesía multisensorial: comienza con notas frescas del mar, transita por la tierra y el humo, y culmina con los dulces matices del cacao o el maíz nixtamalizado.

Un platillo emblema: el origen del sabor

Entre los más representativos se encuentra el pulpo rostizado con mole de hoja santa y ceniza de aguacate, una composición que simboliza el equilibrio entre fuego y tierra, tradición y modernidad. El chef lo describe como “un platillo que resume mi historia: el respeto al producto, la técnica al servicio del sabor y la memoria como ingrediente esencial”.

Otro de los favoritos es el tamal de maíz azul con mantequilla de trufa y flor de calabaza, que combina la nostalgia de la cocina mexicana con el refinamiento de la alta gastronomía contemporánea.

Una experiencia que abraza los sentidos

El restaurante está diseñado para acompañar el viaje culinario con sutileza. Luz cálida, maderas naturales, texturas orgánicas y una atmósfera que invita a detener el tiempo. Desde la barra de mixología, inspirada en destilados de agave y hierbas locales, hasta la selección de vinos naturales, Sendero propone un recorrido que no solo se disfruta con el paladar, sino también con la mirada y el alma.

Cada servicio es un ritual: los meseros narran la historia detrás de cada plato y el comensal se convierte en parte del relato. Nada es casual, todo está en armonía: los utensilios artesanales, la cerámica hecha por manos oaxaqueñas, las flores secas que evocan la tierra de donde todo proviene.

Polanco: el punto de encuentro

Ubicado dentro del JW Marriott Polanco, Sendero se integra a la experiencia cosmopolita del hotel como un refugio íntimo en medio de la ciudad. En una de las zonas más vibrantes de la capital, donde la sofisticación y el arte conviven, el restaurante se distingue por ofrecer una pausa contemplativa: un espacio donde lo contemporáneo se reconcilia con lo natural.

Aquí, la experiencia gastronómica trasciende el plato: es una invitación a reconectar con la esencia, a recorrer México sin moverse del lugar, a recordar que el sabor también puede ser un camino.

Un viaje sin destino final

En Sendero, el viaje no termina nunca. Cada temporada propone nuevas rutas, nuevos ingredientes, nuevos paisajes por descubrir. Rodrigo Sánchez entiende la cocina como una travesía viva, un territorio en constante transformación.

“No hay un punto de llegada —dice—, solo caminos que seguir. Mientras haya tierra, fuego y memoria, habrá sendero.”

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