Cadaqués, última morada e inspiración de Dalí
- 1 mar
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Cuando llegué a Cadaqués, los primeros calores de la primavera se habían apoderado ya del pueblo. El viento mediterráneo y la brisa salina acariciaban los rostros incrédulos de quienes contemplaban por primera vez las fachadas blancas que contrastan con el azul profundo del mar.
Un pueblo entre montañas y mar
Ubicado en el corazón del Cabo de Creus, Cadaqués conserva su encanto marinero y su fisonomía rural: molinos, bosques de árboles añosos y campos de olivos que acompañan los senderos. Las sierras del Alt Empordà descienden hasta convertirse en acantilados que se funden con el mar, creando un paisaje tan surrealista como la mente del genio que lo habitó.
En la bahía de Portlligat se encuentra la casa donde Salvador Dalí vivió con su musa Gala. Hoy, convertida en museo, es una de las más visitadas del mundo. Para acceder a ella es necesario reservar con anticipación: descubrir cada rincón es adentrarse en un universo de espejos, pasillos retorcidos y estancias que desafían la lógica.
Dalí diseñó incluso un sistema de espejos para que los primeros rayos del amanecer lo despertaran antes que a nadie en el pueblo. Dentro, un oso disecado da la bienvenida, mientras los pasillos serpentean entre desniveles y habitaciones que revelan su obsesión por la bahía de Portlligat.
El taller —mi espacio favorito— conserva aún sus caballetes, pinceles y herramientas de trabajo. En la Habitación de los Modelos, un busto de yeso de Nerón recuerda la inspiración detrás de Desmaterialización de la nariz de Nerón (1947). La Sala Oval, refugio de Gala, era su rincón para leer y recibir visitas distinguidas. En el patio, un pequeño laberinto surrealista reúne esculturas, una piscina con sofás en forma de labios y surtidores de cisnes: un escenario donde el arte se confunde con la vida cotidiana.
El alma marinera de Cadaqués
Durante siglos, Cadaqués fue un pueblo de pescadores aislado del mundo. Aun hoy, pese al turismo, conserva su aire provinciano y sus calles empedradas, estrechas y luminosas. Desde la iglesia de Santa María, construida en el siglo XVII en el punto más alto del pueblo, se contempla el Mediterráneo en toda su intensidad.
Cada verano, el templo acoge el Festival Internacional de Música de Cadaqués, donde resuenan notas de música clásica y barroca. No es casualidad que este rincón se haya convertido, a principios del siglo XX, en un refugio para artistas: Picasso, Miró, Chagall, Klein y Marcel Duchamp encontraron aquí su fuente de inspiración.
Hoy, su legado pervive en museos y galerías como el Museo Municipal de Arte o el Museo Perrot Moore, donde se expone el diálogo entre el arte europeo y la identidad mediterránea.
Naturaleza viva
Antes de dejar el pueblo, merece la pena recorrer el Parque Natural de los Aiguamolls de l’Empordà, un santuario para aves acuáticas, o el Parque Natural del Cabo de Creus, con sus paisajes terrestres y submarinos que deslumbran a buzos y conservacionistas.
En la punta del cabo se alza el Faro de Creus, escenario de la película La luz del fin del mundo y hogar de un museo de geología y una oficina de turismo que recibe a viajeros de todos los rincones del planeta.
La génesis de un hogar surrealista
En 1930, Dalí adquirió en Portlligat una pequeña barraca de pescadores gracias a los 20 mil francos que le adelantó su mecenas, el vizconde de Noailles. Con el tiempo, la transformó en un refugio íntimo donde arte y sueño se entrelazaron.
“Mientras más pequeña, más intrauterina”, decía el pintor sobre su casa. Con la ayuda del constructor Emili Puignau, amplió la vivienda, incorporando espacios que hoy son parte esencial del recorrido: el Salón Amarillo, el Salón de los Pájaros y la biblioteca de Gala.
Durante la Guerra Civil, Dalí y Gala se exiliaron en Estados Unidos, pero regresaron a su amada Portlligat en 1948. Desde entonces, Cadaqués y su casa se convirtieron en el espejo eterno de su imaginación.


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